martes, 23 de mayo de 2017

Confeccionistas denuncian abusos en zona fronteriza

Norma Martínez, confeccionista cruceña, quien tiene que viajar hasta la frontera con Argentina para poder vender su mercadería, contó que cada vez que llegan a Bermejo para vender sus productos, son interceptados por efectivos policiales que revisan todo el equipaje y hacen cobros de 50 bolivianos por bolsón, para que no sean llevados a la Aduana Nacional. "Nosotros vamos hacia la frontera porque en la ciudad no hay ventas y en cada viaje sufrimos atropello por parte de los policías que nos quitan la mercadería, diciendo que son de contrabando, sin embargo nosotros tenemos NIT y la ropa que vendemos tienen la etiqueta con el sello hecho en Bolivia", relató la confeccionista. Así como ella muchas otras personas son víctimas de este tipo de abuso por parte de la policía que hace los controles en las fronteras, es por ello que el presidente de la Federación de la Micro y Pequeña Empresa (Fedemype), Javier Challapa, manifestó que dentro de la ley Mype que fue promulgada el pasado 11 de mayo, se establece la libre transitabilidad de los confeccionistas para poder comercializar su mercadería.

Quieren garantías para vender. Challapa indicó que en los últimos días al menos 80 personas tuvieron dificultad en las zonas fronterizas, por lo que están buscando mecanismos de control para que los confeccionistas nacionales no sean tratados como si estuvieran comercializando ropa usada o de contrabando. "Sabemos que en las fronteras hay controles rutinarios, pero a nuestros productores los están tratando como si fueran contrabandistas, estamos trabajando con la Aduana para que se haga la devolución correspondiente de todo lo que es nacional", dijo el dirigente.

Cobran hasta Bs 700 por vehículo que controlan. Salomé Guaita relató que en un vehículo viajan hasta tres personas llevando su mercadería, por lo que los efectivos policiales sacan hasta Bs 700, toda vez que cobran por cada una de las bolsas. "La semana pasada nos hicieron parar diciendo que eran de la policía caminera, ellos estaban en un auto que decía bomberos y nos pidieron de a 150 bolivianos y por no hacernos llevar a la Aduana tuvimos que pagar", dijo la confeccionista.

Por su parte, Lidia Condori, quien también sufrió estos atropellos, pidió a las autoridades que tomen cartas en el asunto, toda vez que esta situación les genera pérdidas económicas.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La ruta de la ropa americana a Bolivia

Anonimato. Eso es lo que buscan los vendedores y compradores de la ropa americana a medio uso. Los primeros porque sobre su actividad pesa una prohibición que la convierte en ilegal, casi criminal, pues media el contrabando; los segundos tal vez por la vergüenza o el prejuicio de vestir con ropa usada, o porque fomentan una actividad ilegal.

Pero la venta de ropa americana a medio uso está en Bolivia hace más de 25 años, desde inicios de la década de los años 90 del siglo pasado. En el caso de La Paz, comenzó en la calle Figueroa, detrás de la plaza San Francisco, el ombligo de la ciudad, donde se comenzó a comercializar ese tipo de prendería. "La gente llegaba al lugar o observar con disimulo, de reojo.

Si era de día sólo algunos se animaban a preguntar, pero casi sin mirar la prenda; la noche era el mejor momento para que pudieran observar con mayor tranquilidad”, recuerda Luis (nombre ficticio), comercializador de ropa americana desde mediados de los años 90.

¡Sorpresa! Era ropa de marca, que en muchos casos no llegaba a La Paz ni nueva: Lewi’s, Rangler, Tommy Hilfiger... hasta prendas de diseñadores famosos ¡Oscar de la Renta!... y a precios increíblemente bajos. "Nosotros no conocíamos las marcas y no sabíamos que se valoraban tanto, pero con el tiempo aprendimos, los mismo clientes nos enseñaron”, añade Luis.

Él era sastre, estaba casado y su esposa tenía unos tres años vendiendo ropa americana.

Pero la Figueroa era sólo la muestra, la meca de estas prendas de vestir muy valiosas para algunos estaba en El Alto, en la Feria 16 de Julio. "Hasta la gente de la zona Sur iba a El Alto, cubierta, como usted está ahorita (dirigiéndose a la periodista de Página Siete), con gorra y gafas, para que nos los reconocieran, me imagino”, continúa el hombre y esboza una sonrisa pícara.

Luis insistía en seguir en su oficio de sastre, pero los paceños hacía tiempo que habían perdido el gusto o los recursos para hacerse un traje a medida, así que decidió seguir los pasos de su mujer. "Decidí vender sólo camisas de varón. Como era sastre, sabía cómo reconocer una prenda con un buen cuello, buenos puños y una buena costura... La ropa americana tenía todo eso, además de que la tela era de una excelente calidad, que acá no teníamos ni tenemos. Pero lo mejor era que algunas llegaban nuevas y de las mejores marcas”, recuerda.

Recojo y acopio

Pero, ¿cómo conseguía la mercadería? La pregunta incomoda mucho a Luis. "Nosotros la compramos en El Alto, algunos van a Oruro, es ahí donde llega”, dice.

Teresa (también nombre ficticio) tiene la respuesta. Un familiar suyo, que migró a Estados Unidos en los años 80, comenzó con el negocio en ese país.

"En Estados Unidos, la gente puede devolver la ropa que compra hasta tres meses después, si no le gusta o no le queda. La tienda no se guarda esa ropa, la bota prácticamente nueva. Lo mismo pasa con los estadounidenses, que se pueden comprar una chamarra, por ejemplo, ponérsela una vez y tirarla a unos contenedores, reciclados de ropa. Pero también están las tiendas que desechan todas las prendas de vestir que salen de temporada, nuevas, o que tienen alguna falla: un botón mal costurado, un hilo que esté colgando, por cualquier defecto, por más chico que sea. Así comenzó mi hermano, como otros bolivianos, recogiendo esa ropa y acopiándola en almacenes gigantes”, cuenta.


"Él me contaba que esa ropa era despachada por estadounidenses, no por bolivianos, hasta Iquique (Chile), primero, y después era metida a Bolivia. Primero se trajo a La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, pero después llegó a todo el país, hasta el campo”, añade.

Es que en Estados Unidos se desarrolló toda una industria de compra y venta de ropa usada, que tiene como base el recojo y acopio de la prendería, pero también la donación de prendas de vestir por parte de industrias que de esa forma pueden reducir sus impuestos. Una de las industrias de la ropa usada en Estados Unidos más conocidas es Goodwill, hasta donde llegaron decenas de bolivianos a comprar la ropa, por " kilo, por prenda, al contado y sin derecho a devolución”.

Bolivianos desplazados

"Al principio a Bolivia llegaba la mejor ropa, pero ahora ya no tanto”, dice Luis.
"Es que entraron a competir los argentinos, peruanos y paraguayos que se llevan a su país lo mejor”, añade inmediatamente. ¿Por qué? "Porque los bolivianos, como siempre, quieren pagar poco pero exigen calidad, y eso no se da con los americanos. Los argentinos, peruanos y paraguayos pagan lo que les piden y se llevan lo mejor a su país”, responde Luis.

Oruro y El Alto

La ropa americana llega a Bolivia a través de Iquique, Chile, donde los "mayoristas” compran las prendas por contenedores para internarlos a Bolivia de manera ilegal, porque la importación de esta prendería está prohibida desde 2006, por el Decreto 28761.

Ellos se encargan de llevar la mercadería hasta Oruro e incluso El Alto, donde los "detallistas” o "minoristas” llegan a comprar. "Nosotros compramos la mercadería dentro del país”, remarca Heriberto Colque, dirigente de los comercializadores de ropa americana de Cochabamba. "Esa es una alternativa para más de 2.500 personas en Bolivia que a través de esa actividad llevan el pan de cada día a sus casas”, dice.

Colque precisa que viajan a la ciudad de Oruro, "el centro distribuidor de mercadería” para escoger la prendería, que es clasificada en primera, segunda y tercera calidad. La de primera y segunda calidad es llevada a las ciudades, la tercera va a parar a las zonas rurales.

"Después de escoger la ropa, la lavamos y la planchamos para exponerla en nuestras tiendas y puestos de venta, donde la gente de todo estrato social escoge su prenda”, afirma Colque.

Pero Oruro no es el único lugar a donde llega la ropa americana; también es llevada a El Alto, a la Feria 16 de Julio, donde, en las madrugadas, los detallistas escogen las prendas. "Los jueves y domingos, desde la madrugada también se ven camiones enormes en Ventilla, ahí descargan los fardos de ropa. Se ven cerros de ropa y zapatos”, asegura Gonzalo Choque, taxista que trabaja en El Alto.



La clase media es la que más compra

Para el ministro de Economía, Luis Arce, la clase media es la que fomenta la importación de ropa usada americana, "prohibida porque es un delito que provoca un gran daño económico” al país.

"Quien más compra la ropa usada es la clase media, porque va a comprar la marca, porque entró a una lógica de consumismo de marca”, asegura el Ministro.

La autoridad precisa que este estrato social adquiere la ropa usada de primera calidad que tiene mayor precio y es la que genera mayor ganancia a las personas que se dedican a este negocio prohibido por ley. "Ellos generan esa ganancia”, afirma.

Arce asegura que el negocio de la importación de ropa usada americana está controlado por cinco familias, que se suman a una "red de distribución y comercialización” que llegan a los nueve departamentos de Bolivia.

El Ministro llama a la población a concientizarse sobre el daño que causa el consumo de ropa usada a la industria nacional y a la importación legal de prendas de vestir.

"Podemos traer ropa nueva y clasificada”

Heriberto Colque, dirigente de los comercializadores de ropa americana, asegura que su sector quiere salir de la "casi criminalidad a la que se arrojó” a su sector con el Decreto 28761 que prohíbe la importación y venta de ropa usada y el proyecto de ley que busca transferir a las alcaldías el control y sanción de su actividad. Tienen una propuesta: la importación de ropa de retorno y clasificada pagando los respectivos impuestos.

"Que nos permitan la legalización de la importación de ropa retorno y clasificada, pagando los impuestos aduaneros”, afirma.

La ropa de retorno comprende las prendas que son rechazadas en el mercado americano porque tienen "pequeñas fallas”; mientras que las prendas clasificadas "son las escogidas, de mejor calidad y marca”, explica.

En los últimos días, los comercializadores de ropa usada se movilizaron en contra del proyecto de ley que busca controlar y sancionar su actividad. Ante la reacción, el Gobierno paralizó el tratamiento de la medida.

lunes, 15 de mayo de 2017

Ropavejeros se reunirán con Morales y plantearán tributar para continuar con su actividad



La dirigencia de los vendedores de ropa usada buscan mantener su actividad económica y en ese objetivo plantearán en una reunión acordada con el presidente Evo Morales pagar impuestos y regulación de este tipo de comercio.

“Vamos a continuar vendiendo, pero bajo una regulación, una reglamentación y también queremos plantear la tributación de acuerdo a capitales”, informó la presidenta de la Comisión Nacional de Defensa de la Ropa y Prendería a Medio Uso, Elizabeth Verástegui.

El sector se reunió el jueves con el vicepresidente Álvaro García y acordaron mantener "congelado" el tratamiento de la Ley de Asignación Competencial para la Comercialización de Mercancías Usadas que se encuentra en el Legislativo.

El proyecto de ley, concertado entre el Gobierno y representantes de la micro y pequeña empresa, traslada a las alcaldías la obligación de controlar y evitar la venta de artículos de prendería usada como ropa, bisutería y juguetería.

“Las bases tenemos el mandato y el compromiso de reunirnos con el presidente, por lo tanto, se ha trasladado la audiencia para pasado el 27 de mayo. Vamos a estar en un compás de espera para reunirnos con él pero mientras tanto el proyecto de ley se encuentra paralizado”, afirmó la dirigente.

“Nosotros también queremos presentar una contrapropuesta con anexos donde se reglamente y regule la comercialización de ropa y prendería a medio uso”, afirmó la dirigente. (12/05/2017)

martes, 9 de mayo de 2017

Experto asegura que el ingreso se ha triplicado

El economista Pablo Cuba que ha realizado varias investigaciones sobre la ropa usada en nuestro departamento y el país, asegura que la importación de esta mercancía en comparación a una década atrás, antes de la aprobación de los dos decretos que prohíben su venta e internación, se ha triplicado.

“En ese entonces habían unas 11 mil toneladas y los comerciantes pedían que los dejen vender hasta acabar el stock. Sin embargo, hasta la fecha, mayo 2017, se ha triplicado ese monto”.

Los vendedores de ropa usada en Cochabamba justifican esta comercialización porque la reconversión que programó el Gobierno a través de las disposiciones legales no funcionó y por el contrario motivó a que otras personas que no se dedicaba a ese negocio terminen vendiendo ropa usada por las importantes ganancias que obtienen, indica el economista.

Clemente Villca, dirigente de los ropavejeros de la zona de San Carlos, coincide con el experto y señala que su sector se siente engañado por las propuestas del Gobierno que nunca se cumplieron.

“A nosotros nos prometieron algo que nunca cumplieron y tampoco hay trabajo para que nos reubiquen”.

Cuba sostiene que cerca de 20.000 comerciantes en las principales ciudades de Bolivia se dedican a tiempo completo a la actividad de compra y venta de prendas usadas. Un 3 por ciento de esta población son comerciantes al por mayor, usualmente importadores directos que venden su mercadería en la modalidad conocida por "fardos". El 10 por ciento son comerciantes minoristas que posee una tienda donde ofrecen sus prendas, mientras cerca de el 67 por ciento son comerciantes. En el caso de Cochabamba esos minoristas poseen un puesto de venta en distintos puntos de la ciudad. No solo en la zona tradicional de la Cancha, sino en distintas ferias que se organizan en la ciudad y también en las principales provincias del departamento.

“El tema del manejo de la ropa, no cumple en lo más mínimo con las condiciones de higiene o limpieza. La Alcaldía y sus reparticiones no hacen absolutamente nada al respecto”, indica Cuba.

Según estudios realizados en Bolivia, durante el 2015 por la profesora Kate MacLean, investigadora del King’s College, de Londres, y la Universidad de Birbeck, el negocio mueve 40 millones de dólares anuales. Además se determinó que del volumen total importado, cerca de 7.000 mil toneladas anuales, más del 90 por ciento de la mercancía era internado vía contrabando.

De acuerdo al estudio en Estados Unidos, la gente dona las prendas de vestir pensando que ayudará a alguien, pero en realidad esta mercancía termina siendo exportada y vendida en el exterior.

Según cifras de Naciones Unidas, el principal exportador de ropa usada del mundo es Estados Unidos, seguido de Reino Unido, Alemania, Corea del Sur y Holanda.

La pérdida acumulada para la economía en Bolivia, entre el 2000 y 2005 a consecuencia de esto superó los 500 millones de dólares, que equivalían entonces el 6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Actualmente ese impacto se ha duplicado, dice Cuba.

Por otra parte, la economía boliviana perdió más de 140 mil puestos de trabajo en los últimos 5 años, de los cuales un 60 por ciento correspondieron al sector textil y confecciones.

De acuerdo al Decreto Supremo 28614 de 31 de enero de 2006, se otorgaba un plazo de 6 meses a la importación de las mercancías clasificadas como prendería usada y facultaba a los Ministerios de Hacienda, Planificación del Desarrollo, Producción y Microempresa, y Salud y Deportes, analizar la solución integral al tema de la prendería usada, recuerda Cuba.

Se señalaba que en el marco del Plan Nacional de Desarrollo, es obligación del Gobierno el fortalecimiento de la producción nacional y la protección del mercado interno, por lo que se consideraba prohibir la importación de ropa usada y combatir el contrabando.

Hace aproximadamente un mes, el vicepresidente Álvaro García Linera informó que se envió a la Asamblea Legislativa Plurinacional el proyecto de ley que modifica la Ley de Autonomías y le da a las alcaldías tuición para controlar la comercialización de prendas usadas.

Villca indicó que mientras no haya una alternativa real a su actividad no permitirán que la comercialización de las prendas sea paralizada y menos que la mercadería sea decomisada por autoridades municipales.

Efectos

Durante los últimos cinco años, la economía boliviana perdió más de 140 mil puestos de trabajo, de los cuales un 60 por ciento pertenece al sector textil.

Pablo Cuba

Economista



Comerciantes invierten desde los 300 hasta los 5.000 bolivianos


Un pequeño fardo de ropa no seleccionada puede ser adquirida desde 300 bolivianos en Cochabamba o el departamento de Oruro, zona que sigue siendo la principal proveedora de las mercancías a los comerciantes de la Llajta.

Dependiendo el tipo de mercadería los comerciantes se aseguran que su inversión tenga a futuro buenos rendimientos, pero hay quienes señalan que los costos se han disparado en los últimos años llegando incluso a duplicarse.

“Ahora nos cuesta más que antes, porque la gente también tiene más miedo de traer por los controles”.

Manuel, un vendedor de la zona de San Carlos que comercializa zapatos, señala que antes podía traer un fardo de esta indumentaria hasta en 150 bolivianos de Oruro, pero indica que los precios han incrementado en los últimos años incluso para las prendas que no son seleccionadas. Sostiene que estas cuestan el doble de hace unos seis años.

Las personas que deciden traer la mercadería con menos fallas y en mejor estado, denominadas “de primera” pueden invertir hasta tres mil bolivianos en la compra.

Pero todo es cuestión de suerte dice Laura una de las comerciantes que trabaja hace más de diez años en la calle Esteban Arze, que asegura que en los fardos se pueden encontrar prendas en mal estado que ya no son comerciales y cuando esto sucede hay riesgo de que se queden en pérdida.

Cuenta que cuando eso sucede se tiene que tratar de hacer lo posible por recuperar los costos de la inversión con las prendas que son más comerciales.

Pero como la mercadería es variada, los precios también dependen de los productos, pues si bien la ropa se puede encontrar en el mercado desde los 300 bolivianos, hay artículos para casa que vienen en cajas que son hallados desde los 400 y pueden llegar hasta los cinco mil bolivianos cuando contienen piezas de alto costo o muebles que son, en su mayoría, armables.

Los juguetes también tienen costos y categorías, pues los de primera cuestan más de 800 bolivianos.

LOS PRECIOS

Al igual que el costo de la mercancía los precios de las prendas y otros artículos también han subido en el mercado.

Si bien hay prendas de vestir que se pueden encontrar desde los dos bolivianos en su mayoría estas están en muy mal estado o son atuendos para niños.

Lo que más ha incrementado son los altos costos de los pantalones, abrigos o prendas juveniles que se comercializan de acuerdo a las marcas.

Charlotte Rose, Forever 21, Abercrombie, Aeropostale, Tommy Hilfiger, Polo zon las marcas de mayor costo.

En los últimos años dos marcas europeas como Breshka y Zara también han ingresado a este mercado aunque con prendas de vestir que más que ser usadas presentan fallas y son las denominadas de retorno.

Los comerciantes gracias a la ayuda de sus hijos con los que trabajan han aprendido de estas marcas y sus altos costos incluso en el mercado americano, por este motivo es que cuando se realiza la selección las prendas con estas marcas tienen un costo mayor.

Las que llegan con etiquetas, según algunos vendedores, son importadas con pólizas, pueden llegar a costar hasta 100 bolivianos cada prenda para el cliente.

La mercancía se oferta por internet y se esconde en casas

Adquirir los fardos de ropa no es un problema para los comerciantes.

Para los mayoristas la primera opción es viajar a Oruro durante la semana para adquirir los fardos de ropa del mercado La Kantuta y de domicilios de la zona sur, pero en Cochabamba también hay casas distribuidoras que están muy bien camufladas, pero ofertan sus productos por internet.

“Ropa en fardos” y “Venta de fardos al por mayor” son dos páginas en Facebook que ofertan mercadería de todo tipo, pero la hermenéutica para la compra resulta ser un poco cuidadosa para evitar que la Aduana pueda comisar la mercancía.

OPINIÓN verificó que los mayoristas coordinan la venta mediante llamadas o mensajes de texto, pero nunca le indican al interesado donde tienen guardada la mercancía.

“Puede apreciar la calidad y el tipo de las prendas en una tienda de la calle Montes y allí se lo llevamos el fardo desde el almacén, según lo que escoja”, indica un varón cuando se le consulta sobre la compra de la mercancía.

Además de ropa también cuentan con zapatos, juguetes y ropa de bebé. Toda la comercialización se la hace de manera muy reservada y en dólares,

Los fardos tienen valores desde los 200 dólares y aseguran que los costos son altos por la importación que ellos hacen hasta Cochabamba.

Pero la comercialización de estos productos no es solamente por Facebook, también hay grupos cerrados de WhatsApp y ofertas en la página de OLX.

En estos sitios los mayoristas dan como única referencia su número de teléfono, pero cuidan mucho las direcciones para evitar que su mercancía sea comisada.

Sin embargo, este medio de comunicación pudo investigar que muchos de los mayoristas tienen la mercadería escondida en los mismos sectores de comercio como la calle Esteban Arze y la zona de San Carlos donde los fardos están escondidos en garajes o almacenes de domicilios.

Cochabamba Ropa usada se expande a ferias, barrios y boutiques en la ciudad

Ni las leyes, ni controles detienen el crecimiento de la ropa y artículos americanos usados en el país.

A más de 10 años de la puesta en vigencia del Decreto Supremo 28761 de 2006, el crecimiento de la comercialización de estos productos es evidente no solamamente en la ciudad, sino en zonas periféricas, ferias de barrio y hasta en boutiques de la zona norte, además de provincias que demuestran que la venta se ha expandido sin límites.

De día, de noche y durante los siete días de la semana los artículos son comercializados ante la vista y paciencia de las autoridades que conocen de la ilegalidad de la importación y comercialización.

En Cochabamba, el mercado más grande denominado San Carlos, que tiene ocupado más de ocho manzanos con anaqueles puestos en el piso y tiendas de todo tipo de artículos americanos a medio uso ha dejado de ser el único punto de concentración y distribución en la zona sur.

Si bien el sector se caracteriza por continuar siendo distribuidor, lo mismo que sucede con la avenida Esteban Arze, en las calles Montes y Brasil los vendedores son tantos que han decidido entrar a nuevos mercados y sectores.

Por ejemplo utilizan sus vehículos y llevan los productos a ferias zonales como en la avenida Humbolt, avenida Villarroel que se realizan los sábados y en San Pedro donde las ferias se hacen los viernes.

Las maleteras de los vehículos son usadas como colgadores para exponer las prendas en algunos casos, pero también se utilizan anaqueles o plásticos en el piso para que la gente escoja la prenda o zapato que desee. En ocasiones, en estas ferias también se pueden ofertar juguetes.

Uno de los mercados que más llama la atención por el crecimiento que ha tenido en los últimos tres años con el negocio de ropa americana es el 10 de Febrero, situado en la avenida Simón López casi al límite con el municipio de Tiquipaya.

“Esto no era así hace unos cuatro años. Eran pocas las vendedoras en unas cuantas cuadras”, cuenta una comerciante de frutas del mercado.

Ahora la feria abarca al menos cuatro manzanos alrededor del mercado.

En varias cuadras, los vecinos han optado por construir tiendas para que los comerciantes no ocupen sus aceras y los incomoden.

Los días de feria en este mercado son los jueves, pero a pesar de ello hay tiendas que atienden todos los días, durante todo el año con precios mucho más baratos que en los mercados de San Carlos y la calle Esteban Arce. Pues hay prendas desde dos bolivianos.

Los vendedores pagan patentes como cualquier otro comerciante por ofertar sus productos en la feria. En algunos casos los patentes son mensuales y otros anuales.

PROVINCIAS

La ropa usada también ha llegado hasta las provincias, donde el negocio se ha legalizado con la otorgación de patentes que se pagan una vez al año a los municipios de Sacaba, Tiquipaya y Quillacollo.

En el Eje Metropolitano uno de los mercados más grandes que recorre al menos unas ocho cuadras es el de Quillacollo.

Las ferias los martes y domingos se instalan con anaqueles en toda la calle Cleómedes Blanco y los alrededores del coliseo Max Fernández.

Allí ya no quedan espacios para la venta de cerca de mil comerciantes agrupados en 150 sindicatos.

“Ya no hay ningún espacio para la venta, en ningún sindicato, responde una comerciante que asegura que la feria creció en sobremanera durante los dos últimos años”.

La mercadería es variada y va desde juguetes hasta adornos para casa.

En Sacaba, las ferias se realizan los martes y sábados.

Las céntricas calles de Tiquipaya a solamente dos cuadras de la plaza principal, también están cubiertas del comercio de ropa americana.

Tanto en tiendas como en anaqueles y puestos callejeros la venta de esta ropa es una salida a la falta de trabajo de la gente.

“Estamos con este negocio hace unos tres años, no ganamos mucho, porque a veces la mercadería viene muy vieja, hay que rematarla porque la gente no la compra, pero nos ha salvado de una crisis, porque en mi familia no había trabajo”, dice una de las vendedoras de la ropa.

NOCHEROS

Aprovechando la ausencia de controles municipales. A partir de las 18:30 horas, la céntricas avenidas Aroma, San Martín y la calle 25 de Mayo se convierten en mercados nocturnos.

Un plástico en el piso, unos cuantos colgadores y una lámpara móvil led para iluminar al cliente mientras se prueba la prenda, bastan para sentarse por al menos cuatro horas y vender las prendas.

Zapatos, peluches, juguetes, prendas de vestir son surtidos entre uno y otro puesto.

Sara, que tiene 22 años es una de esas vendedoras. Al terminar el bachillerato quedó embarazada y sin posibilidades de continuar sus estudios, entonces decidió dedicarse a vender la ropa junto a su hijo que ya tiene cuatro años.

Todas las noches saca una bolsa de ropa de un almacén en la avenida Brasil e instala su puesto sobre la avenida San Martín.

En los cuatro años que lleva vendiendo en las calles de noche, por no tener patente para la comercialización, solamente una vez la Intendencia Municipal le quitó su mercancía, que debido a ser de contrabando no fue decomisada.

Como ella, hay cientos de comerciantes que ocupan las calles en la zona cerca del mercado e incluso en calles adyacentes a la plaza principal 14 de Septiembre.

Estos no están organizados en sindicatos y su forma de comercializar los productos es independiente. Algunos días pueden ocupar un espacio y al día siguiente cambiar a otro.

BOUTIQUES

Otros que tienen un mayor capital y ya llevan más de 10 o 20 años en el negocios han decidido montar sus propias boutiques en zonas céntricas y hasta residenciales de la ciudad.

OPINIÓN comprobó la apertura de una de estas tiendas en la avenida Santa Cruz, zona norte, pero también hay quienes ocupan calles muy transitadas como la Heroínas entre España y 25 de Mayo donde al menos hay dos tiendas de este tipo, montadas con maniquíes y cómodos vestidores.

La ropa en algunas ocasiones es mezclada con prendas importadas de manera legal y de marcas reconocidas.

Otras boutiques de este tipo están situadas en la calle 25 de Mayo y la avenida San Martín.

NADA HA CAMBIADO

Según el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, en el país nada ha cambiado para bien respecto a la anulación de la importación de ropa y artículos usados.

“De manera contraria, hay un incremento de productos usados, incluso podemos aseverar en base a lo que se ve en las calles que la importación ilegal de estas prendas se ha incrementado de manera dramática”.

En el 2005, el IBCE realizó un estudio que reveló que

Aunque no se cuentan con estudios recientes sobre el movimiento económico que genera la importación ilegal de ropa usada Rodríguez asegura que sigue siendo un negocio millonario que es una fuerte competencia para el mercado nacional, cuyos textileros no pueden competir con los precios que se ofertan en el mercado negro de la ropa.

Asegura que ahora no solamente el sector textil es el afectado con la importación de estos productos, sino también el de cueros y zapatos, por la fuerte competencia de estos productos usados e incluso el maderero por el reciente ingreso de algunos muebles como cunas, mesas, sillas y hasta camas americanas, que se desconoce si ingresan de manera legal o ilegal, pero se comercializan en el mercado de ropa americana a medio uso.

“Es de lamentar que ese espíritu de los decretos de importación y exportación que salieron no se haya cumplido, porque el expendio se ha incrementado en el país y especialmente en Santa Cruz y otros departamentos del Eje, donde de manera abierta se vende en zonas residenciales”.

Única actividad

“Venderé ropa americana mientras pueda y la Alcaldía no me decomise mis prendas, porque no tengo dónde trabajar y es la única actividad que me genera dinero para mantener a mi familia. Vendo de manera ilegal porque no me queda otra, no hay una alternativa”.

Sara

Vendedora

INCREMENTO

Hay un incremento de productos usados, incluso podemos aseverar en base a lo que se ve en las calles que la importación ilegal de estas prendas ha crecido de manera dramática.

Gary Rodríguez

Gerente General IBCE

lunes, 8 de mayo de 2017

La clase media es la que más adquiere ropa usada

La clase media de las ciudades del país es la mayor consumidora de ropa usada en Bolivia, afirmó el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce, para quien ese sector poblacional debe tener conciencia para consumir la producción nacional.

“Básicamente, quienes más compran ropa usada —eso hay que decirlo claramente— es la clase media porque va a comprar la marca. Se ingresó en una lógica de consumismo de marcas, en cambio la gente humilde no se compra esos productos de marca, sino lo que es barato”, declaró el titular de la cartera de Economía en conferencia de prensa.

Puso de ejemplo lo que ocurre en La Paz, “en la feria 16 de Julio con gente que vive en la zona Sur, que tiene mucha plata y se va a comprar ropa a la feria, es así que no nos vamos a engañar”.

La autoridad llamó a la conciencia de la clase media urbana e inclusive a los propios dirigentes fabriles para consumir la producción textilera nacional y no la importación ilegal, que inclusive es clasificada en tres categorías por los contrabandistas de ese producto.

Arce detalló que la venta de “la ropa usada de primera” es la que genera las ganancias para los importadores ilegales y es la que más consume la clase media, mientras que las otras dos categorías no reportan ingresos significativos, ya que es ropa que se vende muy barato y la consume la gente de bajos ingresos.

Arce puntualizó que la nueva propuesta normativa del Gobierno nacional se debe a que la Aduana Nacional no tiene la competencia para realizar incautaciones en la denominada zona uno de comercialización, que son los mercados finales, donde los municipios deben aplicar la prohibición de venta.